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¿Dónde alojarse en Cuba? (La respuesta es Airbnb)

Airbnb y Cuba son una pareja perfecta y las razones, como todo allá, son históricas. Hace poco encontré un post sobre Cuba en un bonito blog de lifestyle de una chica de Los Ángeles. Además de fotos de estilo personal, el post ofrecía algunos consejos para viajar a Cuba pero empezaba con "since tourism is new in Cuba". Esto es importante: si bien para los norteamericanos es muy nueva la posibilidad de hacer turismo allá, el turismo no es para nada una cosa nueva en aquel país. 


No es ningún secreto que el comercio en Cuba está muy limitado y a causa de ello muchos servicios, incluso en la industria del turismo, se encuentran por debajo de lo que podría esperar un viajero de otro país. El internet es deficiente y las amenidades difícilmente serán como las que esperarías en un hotel de Cancún, Panamá o Punta Cana. Mejor que vayas preparado para eso y evites decepciones. 


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La Habana hipster.

Bueno, habrá que empezar por aclarar que "hipster" es un decir. Muchas veces las categorías de las cosas que conocemos no se ajustan exactamente a la realidad de Cuba. Este post trata sobre una zona de La Habana vieja que podrían acercarse a lo que alguien que vive en la Ciudad de México llamaría "hipster". Se trata de unas cuantas cuadras en las que se concentran galerías de arte, restoranes relativamente nuevos con personalidad propia y bares que exploran más allá del mojito y del son cubano más establecido.


Para definirlo en un mapa, diríamos que se trata de una triangulito cuyos lados serían la Avenida Bélgica entre Cuarteles y Habana, la calle de Cuba entre Tejadillo y Peña Pobre y Tejadillo entre Cuba y la Avenida Bélgica (mapa aquí).



Como todo en La Habana vieja, lo mejor es caminarlo. Se puede empezar en la Iglesia del Santo Ángel Custodio, donde una mujer de bronce con abanico y rizos coquetea en una pequeña plaza. Si caminas por Cuarteles, encontrarás varias galerías y dos cuadras más adelante una pizzería que se llama "Las cinco esquinas" (porque, exacto, hay cinco esquinas).

 Esta foto está tomada desde el punto de vista de la coqueta señorita de bronce (es una estatua).

Es una buena zona para ir a comer si buscas algo más que los tradicionales Paladares y definitivamente vale la pena ir a probar la coctelería, si bien los tragos pueden ser ligeramente más costosos que el promedio.


Mini clase de historia a continuación. ¡No se vayan, hay comida de por medio! A mediados de los noventas el gobierno cubano aprobó una modalidad de negocio semiprivado, el "paladar", que no es otra cosa que un restorán. Eso sí, los propietarios y administradores tenían que ser una sola familia. El paladar debía estar instalado en la casa familiar, todo el staff debía ser familia y debía tener lugar para doce comensales máximo.



Con el tiempo, las reglas se flexibilizaron. Ahora los paladares ya pueden tener más mesas, pueden estar en locales rentados y pueden tener empleados que no sean familiares. Los paladares son muy populares entre los turistas pues se dice que son baratos y de mejor calidad que los restoranes del estado. Nuestra experiencia difiere de ese dicho. Básicamente encuentras de todo en cuanto a servicios y calidades y los precios no son especialmente bajos. Incluso algunos paladares muy famosos o "tradicionales" son súper caros. Nosotros salimos huyendo de uno llamado "La Familia", por caro y sin personalidad.


De alguna manera, el término "paladar" está asociado a una época y una política determinada, como tantas cosas en Cuba, de modo que en los nuevos restoranes "hipsters" se nota que se han esforzado por alejarse tanto del concepto como de la palabra. 


Lo que se siente mucho en esta zona de La Habana es ese aire de renovación que hay en el país a causa de la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, unido a la apertura del gobierno hacia los negocios de la iniciativa privada (o "cuentapropismo", ¡otro término unido a una época y políticas determinadas!). Tanto los restoranes como las galerías y otros negocios de esta pequeña zona cuentan con propuestas más globales, comparadas con el localismo de otros sitios -muchas veces diseñado para turistas-.


Suponemos que eso será algo cada vez más extendido y vale la pena verlo ahora que está iniciando. Nos encantará saber a dónde llegará, pero habrá que esperar unos años y el siguiente viaje. 


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La Habana Vieja

No es lo mismo "La Habana Vieja" que "La Habana, vieja". De ese trozo de ciudad (aproximadamente cuatro kilómetros cuadrados) provienen la mayoría de las imágenes mentales que el mundo tiene de Cuba, aunque en realidad se trata de un barrio pequeño en comparación con los otros 14 barrios que componen la ciudad. Si quieres darte una idea de lo pequeño que es, mira esto


Héctor dijo algo entre foto y foto al Paseo Martí: "si esta ciudad estuviera en buenas condiciones, sería una de las ciudades más mamonas de todo el planeta. Sería mamonsísima, de hecho". En eso estamos muy de acuerdo.


Y es que, por ejemplo el Paseo Martí es una testimonio de la antigua grandeza colonial de la ciudad: construido con mármol, hierro y coral por artesanos súper chingones. 



Así cada calle. El Edificio Bacardí es una muestra grandilocuente de la riqueza que esa familia poseía en la isla. El Capitolio, el Gran Teatro o el Museo Nacional de Bellas Artes están ahí con su grandeza arquitectónica. 


Para donde camines hay herrería primorosa (cubierta de herrumbre o no), escaleras señoriales, mosaicos, piedra tallada...



Las zonas restauradas y las derruidas se mezclan igual que se mezclan los turistas con los locales, igual que se mezcla la música de los bares con los motores ruinosos de los coches antiguos. Todo en Cuba tiende a mezclarse, los menús de los restoranes son eclécticos y hay mujeres muy bellas con la piel negra y los ojos azules o el pelo rubio luciendo afros de envidia. 


Aunque puedes abordar un coche de caballos o un bicitaxi, la mejor manera de andar por La Vieja Habana es a pie, tomándote tu tiempo. Vale la pena dedicarle al menos un día entero de la mañana a la noche, o hasta dos, deteniéndose en algún bar y luego en otro y en otro, a la manera de los españoles cuando salen de marcha. Igual te puedes llevar tu cerveza por la calle, porque en Cuba no está prohibido beber en la vía pública. 


Cada día de la semana es distinto (y todos son estupendos). Los viernes por la tarde se siente la alegría colectiva en contraste con las tardes de lunes cuando todos le meten prisa a su regreso a casa. Los sábados por la mañana son gozosos y los niños andan en grupitos por las plazas buscando una función de títeres o persiguiendo a las palomas. 



 ¿Cuándo fue la última vez que viste niños jugando solos en una gran ciudad?

Hace años podía ser un poco agobiante ser turista en sus calles y que a cada pocos pasos alguien te abordara con una oferta diferente: puros, ron, un lugar para comer. Este año hay tantos turistas que eso se ha diluido un poco. Igual te abordarán, probablemente, pero se siente menos insistente que antes. Di que sí a alguna de las propuestas, por probar, ten las precauciones que tendrías en cualquier otra ciudad del mundo y no te preocupes demasiado. Como dicen los gringos: enjoy the ride


La Habana Vieja se puede recorrer sin mapa ni guía. Claro, está bueno aprender cosas nuevas y saber que este edificio es tal o allá pasó tal cosa, pero no hay porqué estresarse. Si caminas sin rumbo terminarás por verlo todo. Las calles parecen desembocar siempre en los mismos lugares. 


Uno de nuestros puntos favoritos fue la Plaza Vieja, amplísima y luminosa, con lugarcitos para sentarse a comer afuera. También debemos mencionar la plaza de la catedral, esa catedral hecha de corales que parece espuma de mar petrificada. 


Ah, y un consejo. En algunos lugares verás grupos de gente usando smartphones, tabletas o directamente computadoras portátiles. Eso es porque ahí hay wifi. Ahí puedes conectarte a internet usando tu plan de datos (aunque no lo recomendamos porque sale carísimo) o puedes preguntar dónde se venden las tarjetas de internet (seguro es cerca del punto de conexión).


La Habana, vieja, merece su fama. 

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